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Sobreviví a un mal diagnóstico vocal


Hace una año y medio que tengo un timbre de voz diferente. No soy la misma que cantó con Manuel García "La Mariposa y el Farolero", esa voz que podía quebrarse con facilidad en las notas altas, sin casi tener cuidado. Ahora, puedo hacerlo también, pero debo tener mucho más atención y concentración.

Todo empezó en Noruega, en pleno concierto, mientras cantaba "Disparo" para una audiencia de unas 60 personas. Era un recinto íntimo, pero relevante, pues era en el marco de uno de los festivales de música en Europa, más prestigiosos: "Oslo World". Estaba cantando en una nota alta, y sentí cómo la nota cambió. Como si se hubiese vuelto muda. Nadie se enteró, pero yo sí. Volví a Barcelona y luego de dar clases y cantar en la terraza del restaurante donde suelo trabajar como cantante, se me fué la voz del todo. No era la primera vez que se me iba la voz, sería una gripe, pensé. Descansé de cantar una semana y la voz volvió, aunque ronca, casi como la que tengo hoy en día. A los dos meses, luego de ver que mi voz no volvía a ser la misma, fuí al otorrino temiendo lo peor. Que no fueran nódulos, pensé, y no lo eran. Pero la cosa no terminó allí. Me envió pastillas para el reflujo gástrico y otras pastillas más para tomar cada día, pero mi voz siguió igual. Aquí empecé a investigar: no puedes cantar 8 horas al día y hacer conciertos. Tienes que administrar tu voz. Allí entendí porqué algunas cantantes en los ensayos, no interpretaban de verdad: van a poca marcha, como pasando por las notas apenas. Seguí dando mis clases, apoyándome cada vez más en el piano y mis explicaciones habladas para hacerme entender bien. Paré de hacer tantos conciertos en restaurantes y me centré en buscar la mejoría. No lo logré, seguía igual. Volví al otorrino y en vez de estar el señor cálido que me había atendido antes, estaba un reemplazo, un hombre más cauto. Me dijo: "no tienes nada, tienes las cuerdas perfectas, sólo tienes edad". Yo me reí, porque en realidad no me considero una persona que tenga la voz más oscura por su edad, si Celia Cruz cantó hasta los 76 años y yo tengo 46 años. Qué pasaba? me dijo que los músculos que intervienen en el movimiento de las cuerdas, se vuelven menos elásticos con el tiempo. Decidí creerle, como le creí al anterior otorrino, acerca de tener una herida en mis cuerdas. Bueno, ahora mi diagnóstico, no incluía una herida, sólo unos músculos menos ágiles. Ví el lado bueno de mi voz: tenía un tono ligeramente más oscuro que me gustaba. Sólo debía apoyar mucho las dos notas en los altos para que no quedaran mudas, cuando pasaba por ahí. También, en mis clases, ya no canté a no ser que fuese mi primera clase del día y necesario explicar con un ejemplo. Es decir, que ya no sobre utilicé la voz. Empecé a hacer lavados de naríz con agua tibia con sal marina y volví a cantar espacios públicos en Barcelona. Es importante no sobre utilizar la voz, especialmente si te dedicas a vivir de la misma. Hay que dejarla reposar. Sí noté un cambio en mi voz, que a lo mejor es porque tuve Covid y me afectó de esta manera, pero gracias a esto, empecé a administrar mejor mi voz y desde hace un tiempo, sigo practicando mi profesión, sin abusar de mis cuerdas. También me dí cuenta, que la técnica ayuda muchísimo y que es fundamental para trabajar con la voz que tengas, así, como la mía, tenga algo misterioso que aún está y que por cosas de la vida misma, me da personalidad y autenticidad.




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